El Cerro de las Cruces

El tren avanza lentamente recorriendo las líneas de la sierra de Otontepec, bordeando las curvas de ‘La Mujer Dormida’ que con la caída de la tarde empieza a tomar vida entre los horizontales rayos de sol. El naranja rosado que caracteriza el cielo vespertino huasteco, da un halo divino a las tres cruces apostadas en la cima, intensifica el verde de los llanos, arrastra las nubes de algodón hacia el horizonte.

Mientras me alejo con el vaivén del tren, el paisaje se hace más pequeño, la mujer permance dormida, las cruces son sólo garabatos en un lienzo, en el cielo casi gris la sierra abre sus cimas como bocas de donde emanan las letras que forman las voces de la tierra.

1 comentario »

  1. rodrigo Said:

    “abre sus cimas como bocas de donde emanan las letras que forman las voces de la tierra”… maravilloso adri. Tantito te sueltas a escribir y mira lo que sale de esa cabecita. Qué chido, todo lo que puede salir de un instante, ya sea que lo hayas vivido o sólo imaginado. Además se nota el cariño que le tienes a tu tierra. Me gustó muchísimo. Cuándo escribes otra vez???


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